Enriquecimiento de uranio
La reactivación del Complejo Tecnológico Pilcaniyeu se inscribe en la decisión del Estado nacional de dominar el ciclo del combustible nuclear en pos de un desarrollo tecnológico autónomo, garantizando siempre el uso pacífico del uranio enriquecido.
Historia del enriquecimiento de uranio en Argentina
 

En la década del 50’ el país era neto importador de petróleo, carecía de grandes usinas hidroeléctricas y el parque generador nacional de usinas térmicas imponía limitaciones al consumo.

En aquellos años se tomaron decisiones de "estrategia nacional" para alcanzar la independencia energética. Se estableció como política de Estado el control de las fuentes de energía. La misma estaba orientada al autoabastecimiento de petróleo y a la construcción de las grandes represas hidroeléctricas.

 

Cuando la CNEA tomó la iniciativa de construir centrales nucleares, se fijó como objetivo estratégico dominar la tecnología del ciclo del combustible, para evitar dependencia de terceros países. En aquel entonces se optó por el ciclo de uranio natural, pues se pensaba que la tecnología de enriquecimiento de uranio estaba fuera del alcance de nuestro país en ese momento.

 

Hacia fines de los 70’, Argentina había comenzado una política de exportaciones nucleares a América Latina muy ambiciosa, y ya se estudiaba la posibilidad de introducir elementos combustibles de uranio levemente enriquecidos (del orden del 1%), en la central nuclear que entonces se llamaba Atucha I. Esto permitiría aumentar el quemado de los elementos combustibles casi al doble, reduciendo a prácticamente la mitad su consumo y la generación de residuos para una misma energía producida, además de preservar las reservas uraníferas del país.

 

En 1974, como producto del contexto internacional, el tradicional proveedor de uranio enriquecido de la República Argentina, Estados Unidos, decidió interrumpir el suministro de este material, usado además en los reactores de irradiación e investigación en forma imprevista.

 

Ante esta situación, la CNEA evaluó la posibilidad de encontrar un proveedor más confiable, cuestión que era altamente difícil debido a las crecientes restricciones internacionales.

 

La alternativa era desarrollar la tecnología de enriquecimiento de uranio para tener un ciclo de combustible nuclear autónomo, sustentar la independencia del país en el manejo de sus recursos energéticos y, de esa manera, disponer de un material altamente estratégico sumado al conocimiento para lograrlo.

 

El objetivo del Proyecto Pilcaniyeu fue producir uranio enriquecido para la fabricación de elementos combustibles para reactores de potencia y de investigación, dentro de las fronteras del país. En consecuencia, se debía desarrollar una tecnología adecuada para construir y poner en operación la planta de producción, sin asistencia del exterior.

 

En la década de '90, se priorizó la compra de uranio enriquecido al exterior. Esta circunstancia provocó que durante esos años las actividades se enfocaran casi exclusivamente al resguardo y preservación de la tecnología y de las instalaciones.

 

Pero a partir del relanzamiento del Plan Nuclear Argentino, el Estado argentino retomó la tradición de apoyar y sustentar al sector nuclear para que el país pudiera contar nuevamente con las capacidades científico-tecnológicas trabajando a pleno.

 

Así fue que se comunicó que “Complejo Tecnológico Pilcaniyeu alcanzó los valores que acreditan el enriquecimiento de Uranio en su isótopo 235”.

 

Asimismo, por las labores realizadas en el marco del proyecto LASIE (Laboratorio Argentino para Separación Isotópica para Enriquecimiento por Láser) la CNEA demostró la factibilidad del método de vaporización metálica asistido por láser a escala de laboratorio (SILVAR), enriqueciendo en el orden del 2 al 4 % de uranio 235, en pequeñas cantidades.