Seguridad nuclear y radiológica
El cuidado por la seguridad acompañó la actividad nuclear desde sus inicios, y se rige por estrictos estándares internacionales.
Seguridad Nuclear y Radiológica

CNEA viene diseñando, construyendo y operando diversas instalaciones nucleares desde su creación, el 31 de mayo de 1950.

El amplio espectro de actividades desarrolladas abarcan desde la minería del uranio hasta el tratamiento final del combustible gastado, incluyendo conjuntos críticos, reactores de investigación y producción de radioisótopos, hasta reactores de potencia para generación de energía eléctrica, y una gran diversidad de instalaciones para la fabricación y aplicación de materiales radiactivos y nucleares, permitiéndole acumular un muy relevante conjunto de capacidades y experiencias en la ciencia y tecnología nuclear.

La seguridad radiológica y nuclear es uno de los ejes centrales de la tecnología nuclear y tiene como objetivo proteger a los trabajadores, la población y el medio ambiente de los efectos nocivos de las radiaciones ionizantes, mediante el diseño y operación segura de las instalaciones nucleares y radiactivas y de toda práctica que involucre radiaciones ionizantes, y estableciendo las medidas de prevención y corrección frente a potenciales emergencias radiológicas, cualquiera que sea su origen.

Protección radiológica, un concepto clave

Como otras actividades humanas, el uso pacífico de energía nuclear contribuye al bienestar y a la salud de la población, pero requieren estrictas normas de prevención y protección radiológica, estrategias para el tratamiento de los residuos radiactivos y una adecuada gestión ambiental.

Un punto fundamental para entender en qué consiste el cuidado de las personas y el ambiente es el concepto de protección radiológica. Se trata de una disciplina científico técnica cuya finalidad es minimizar los riesgos relacionados con el uso de las radiaciones ionizantes, ya sean procedentes de fuentes radiactivas naturales o generadas por las aplicaciones de la tecnología nuclear.

Las medidas de protección radiológica se rigen por tres principios:

Justificación de las prácticas: las prácticas con radiaciones se justifican sólo si el beneficio que aportan es mayor que el riesgo de exposición. Un buen ejemplo de esto son los tratamientos radiantes contra el cáncer: la posibilidad de cura es un beneficio mucho mayor que el riesgo de la irradiación.

Optimización: significa que la exposición a las radiaciones debe ser la menor posible. Por ejemplo, mediante la reducción de las dosis de radiación, del número de personas expuestas o de la probabilidad de exposiciones en caso de accidente.

Limitación de dosis: se fijan límites de dosis para impedir efectos nocivos inmediatos y minimizar los efectos no deseados a largo plazo. La dosis que puede recibir una persona no debe superar los límites establecidos, tal como ocurre en otras situaciones, como por ejemplo con la toma de un medicamento.