SU HISTORIA

Si bien la EA es utilizada comúnmente desde tiempos inmemorables, su nacimiento científico se remonta a los años 50, donde por primera vez se realizan experiencias sistemáticas en ensayos de tracción. Esta especialidad tuvo un rápido crecimiento en los primeros años, casi exclusivamente como técnica de ensayos no-destructivos, con claras ventajas sobre otras ya existentes, pues, permite detectar y ubicar fisuras activas.

Con el pasar del tiempo se hizo más importante su uso y hoy podemos afirmar que en la última década amplió considerablemente sus aplicaciones a otras áreas y materiales. En la actualidad es raro encontrar un material que no haya sido ensayado con esta técnica. Sus aplicaciones van desde la caracterización de recubrimientos, ubicación de pérdidas, hasta las tradicionales de detección y ubicación de fisuras. Existen aplicaciones medicinales y en máquinas herramientas, en este último caso detectando las señales generadas por el desgaste, se deduce el estado de la herramienta. En los últimos años se ha publicado gran cantidad de trabajos en cementos y materiales compuestos, en estos últimos la emisión es copiosa. No obstante estos adelantos, la EA en nuestro medio no se encuentra lo suficientemente difundida.