CNEA viene diseñando, construyendo y operando diversas instalaciones nucleares desde su creación, el 31 de mayo de 1950.
El amplio espectro de actividades desarrolladas abarcan desde la minería del uranio hasta el tratamiento final del combustible gastado, incluyendo conjuntos críticos, reactores de investigación y producción de radioisótopos, hasta reactores de potencia para generación de energía eléctrica, y una gran diversidad de instalaciones para la fabricación y aplicación de materiales radiactivos y nucleares, permitiéndole acumular un muy relevante conjunto de capacidades y experiencias en la ciencia y tecnología nuclear.
La seguridad radiológica y nuclear es uno de los ejes centrales de la tecnología nuclear y tiene como objetivo proteger a los trabajadores, la población y el medio ambiente de los efectos nocivos de las radiaciones ionizantes, mediante el diseño y operación segura de las instalaciones nucleares y radiactivas y de toda práctica que involucre radiaciones ionizantes, y estableciendo las medidas de prevención y corrección frente a potenciales emergencias radiológicas, cualquiera que sea su origen.
Protección de las personas y del ambiente
Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la tecnología nuclear contribuye al bienestar de nuestra sociedad: permite la generación de energía eléctrica sin emisión de gases de “efecto invernadero”, y se usa en diversas aplicaciones médicas, industriales y agropecuarias. Y el organismo encargado de desarrollar esa tecnología en nuestro país es la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Pero quizás te estés preguntando algo más: ¿las actividades nucleares implican algún riesgo?, ¿quién se encarga de cuidar a las personas?, ¿y el ambiente? Veamos…
Riesgos, ¿qué riesgos?
Tal vez nunca lo hayas pensado, pero todas las acciones que realizamos las personas -desde las más cotidianas hasta las más extraordinarias- conllevan algún tipo de impacto sobre el entorno y algún nivel de riesgo. Cruzar una calle, encender el horno, despegar en avión o volar al espacio, todo requiere una serie de medidas de previsión y protección sin las cuales cada iniciativa sería difícil de llevar a la práctica o terminaría muy mal ¿No te parece que las medidas de seguridad son un asunto fundamental? Y para el caso de las tareas en las que se aplica tecnología nuclear, las normas de seguridad deben contemplar un factor importantísimo: las radiaciones ionizantes.
Pero... ¿qué son las radiaciones ionizantes?
Son radiaciones con una energía tal que al entrar en contacto con la materia -ya sean seres vivos u objetos- extraen electrones de sus átomos, que quedan ionizados, es decir cargados eléctricamente. Y resulta que todos estamos expuestos a fuentes naturales de radiaciones ionizantes, como los rayos cósmicos o los materiales radiactivos que se hallan en la corteza terrestre. Eso es lo que se llama fondo natural de radiación, que forma parte de nuestro planeta. Además, están las fuentes de radiaciones generadas de modo artificial: las que se aplican para tratar o diagnosticar enfermedades (como los rayos X con los que se obtienen radiografías); y otras aplicaciones en industria, investigación, entre otras.
Entonces, las radiaciones ionizantes de las aplicaciones nucleares contribuyen al bienestar y a la salud de la población, pero requieren estrictas normas de prevención y protección radiológica, estrategias para el tratamiento de los residuos radiactivos y una adecuada gestión ambiental.
Otra tarea primordial de la CNEA es el cuidado del ambiente y de las personas, tanto las que trabajan en las instalaciones como la población en general. Y esto implica tener también en cuenta a las generaciones futuras, que no deben cargar con ningún efecto no deseado o no previsto de nuestras acciones en el presente.
Protección radiológica, un concepto clave
Un punto fundamental para entender en qué consiste el cuidado de las personas y el ambiente es el concepto de protección radiológica. Se trata de una disciplina científico técnica cuya finalidad es minimizar los riesgos relacionados con el uso de las radiaciones ionizantes, ya sean procedentes de fuentes radiactivas naturales o generadas por las aplicaciones de la tecnología nuclear.
Las medidas de protección radiológica se rigen por tres principios:
Justificación de las prácticas: las prácticas con radiaciones se justifican sólo si el beneficio que aportan es mayor que el riesgo de exposición. Un buen ejemplo de esto son los tratamientos radiantes contra el cáncer: la posibilidad de cura es un beneficio mucho mayor que el riesgo de la irradiación.
Optimización: significa que la exposición a las radiaciones debe ser la menor posible. Por ejemplo, mediante la reducción de las dosis de radiación, del número de personas expuestas o de la probabilidad de exposiciones en caso de accidente.
Limitación de dosis: se fijan límites de dosis para impedir efectos nocivos inmediatos y minimizar los efectos no deseados a largo plazo. La dosis que puede recibir una persona no debe superar los límites establecidos, tal como ocurre en otras situaciones, como por ejemplo con la toma de un medicamento.
¿Qué hacemos con los residuos?
Dentro de las instalaciones nucleares, entre otras cosas se desarrollan y producen radioisótopos para detección y tratamiento de enfermedades, se genera energía eléctrica, se realizan ensayos de materiales. Todas esas tareas generan un subproducto que, a decir verdad, nadie quiere: los residuos. Los residuos radiactivos están compuestos por elementos que liberan energía, es decir que emiten radiación. Así, su peligrosidad decae, o sea que disminuye a medida que pasa el tiempo; dado que emiten radiación en forma continua, cada vez son “menos” radiactivos. Pero en algunos casos esos períodos son muy prolongados.
En términos generales, para el tratamiento de los residuos radiactivos rigen los mismos criterios que para la gestión de cualquier otro tipo de residuos, sólo que durante todo el proceso se aplican los principios de la protección radiológica. Y ¿qué se hace para gestionar los residuos de un modo correcto?: se los clasifica y segrega -esto significa que se los separa y ordena según el nivel de radiación que emiten, el tamaño que tienen, el estado en el que se encuentran-, se reduce su volumen tanto como sea posible, se reutiliza y se recicla todo lo que se pueda. Por supuesto que no todo se puede reciclar, ¡sino no habría residuos!
¿Qué pasa con lo que no se puede reciclar ni volver a usar?
Los residuos son colocados en envases apropiados para compactarlos o cementarlos, según se trate de sólidos o líquidos. Luego son almacenados en instalaciones especialmente diseñadas para aislarlos hasta que su radiactividad decaiga hasta tal punto que ya no representen un riesgo ni para las personas ni para el ambiente.
El cuidado del ambiente: para nosotros y para nuestra posteridad
Como dijimos, para cuidar a las personas y al ambiente -tanto en el presente como en el futuro- debemos minimizar los impactos no deseados. Y para eso es necesario, antes que nada, tener bien claro que cuidar el ambiente es una de nuestras responsabilidades primordiales. Para establecer en las instalaciones nucleares qué hacer y cómo, la CNEA cuenta con un sistema de gestión ambiental que permite planificar y controlar las acciones para proteger el ambiente.
Algunas estrategias para la gestión ambiental y el cuidado de las personas implican el monitoreo de radiación para limitar la dosis o el monitoreo ambiental, que se realiza en cada una de las instalaciones nucleares (por ejemplo, centros atómicos, yacimientos de uranio, plantas de producción de combustibles para los reactores). Además, se efectúan evaluaciones de impacto ambiental, que prevén los efectos que tendrán las futuras instalaciones sobre su entorno, entre otras estrategias.
Algunas definiciones
Aplicaciones nucleares: comprenden la utilización de radioisótopos para diagnósticos de enfermedades, la aplicación de tratamientos con radiaciones (por ejemplo, para combatir el cáncer), los ensayos de materiales, la esterilización de prótesis, la irradiación de alimentos, entre muchas otras.
Residuos radiactivos: son aquellos materiales para los cuales no se prevé ningún uso posterior y que contienen sustancias radiactivas con un nivel de actividad tal que no pueden ser descargadas al ambiente.
Gestión ambiental: es el conjunto de criterios y acciones que se establecen, planifican e implementan para cumplir con la responsabilidad de proteger a las personas y cuidar el ambiente.
¿Qué son los residuos radiactivos?
En términos generales un residuo es cualquier material que queda como inservible luego de un trabajo o acción. Por lo tanto, cada uno de nosotros genera, cotidianamente, varias clases de residuos.
Aunque de muy distintos tipos (sólidos domiciliarios, líquidos cloacales, industriales tóxicos o peligrosos, patogénicos, entre otros), lo cierto es que progresivamente producimos una mayor cantidad de residuos, ya que cada vez más personas en el mundo realizamos más trabajos y actividades de todo tipo.
El principal desafío que conllevan los residuos es que, como de un modo u otro deben volver al ambiente, se hace indispensable tratarlos, a fin de reducir su volumen y disminuir su potencial efecto contaminante.
Residuos radiactivos son todos aquellos materiales para los cuales no se prevé ningún uso ulterior y que contienen sustancias radiactivas con valores de actividad tales que exceden las restricciones establecidas para su descarga en el ambiente.
Los residuos radiactivos pueden contener distintos tipos de elementos inestables. La natural tendencia a la estabilidad provoca la emisión de energía, en forma de partículas (alfa, beta, etc.) o de ondas electromagnéticas (radiación gamma, equis). A medida que los elementos liberan energía, disminuye su radiactividad. Por eso, la caracterización de los residuos radiactivos refiere a los elementos que contienen, al tipo de radiación que producen, y al tiempo de decaimiento necesario para que su liberación no implique riesgos para las personas ni para el ambiente.
Estas características de los residuos radiactivos resultan decisivas para establecer el proceso de gestión y el sistema de disposición adecuado en cada caso. En Argentina se ha optado por la siguiente clasificación general de los residuos radiactivos:

Los residuos de nivel bajo y medio se generan en la operación y mantenimiento de los reactores y de otras instalaciones nucleares. También -en menor medida- a partir de las aplicaciones de los radioisótopos en el campo de la medicina, la industria y la investigación. La mayor parte de los residuos de nivel alto se producen dentro del elemento combustible en los reactores nucleares, como consecuencia de los procesos de fisión nuclear.
Actividades que generan residuos radiactivos
Existen diversas actividades que generan residuos de tipo radiactivo. Aquellas que están directamente vinculadas con la producción de energía en los reactores de potencia son las comprendidas dentro del ciclo del combustible nuclear. El ciclo comprende todas las etapas que atraviesa el combustible nuclear desde la minería del uranio hasta su gestión una vez retirado del interior de reactores nucleares. La etapa relativa a la gestión del combustible gastado puede incluir o no el reprocesamiento del mismo; o sea, el proceso de separación del uranio y plutonio de los productos de fisión nuclear y de los transuránicos. Cuando el ciclo del combustible nuclear incluye el reprocesamiento se lo denomina "ciclo cerrado". Si, por el contrario, al elemento combustible gastado no se reprocesa, el ciclo se considera "abierto".
Las actividades comprendidas dentro del ciclo de combustible son las siguientes:
- la refinación y conversión del uranio: Los residuos provenientes de la minería del uranio, están constituidos mayoritariamente por las colas del mineral (a las que se les extrajo el uranio aprovechable) y por los estériles de la minería (la roca extraída con muy bajo contenido de uranio). Se caracterizan por alcanzar grandes volúmenes, por ser de origen natural y de nivel bajo.
- la fabricación del combustible: Los residuos generados durante la fabricación de los elementos combustibles para los reactores incluyen distintos materiales (papeles, plásticos, ropas, vidrios, metales, etc.) contaminados con óxido de Uranio. Comprenden también los filtros de los sistemas de ventilación de las instalaciones y los barros obtenidos en el tratamiento de líquidos producidos durante la operación y mantenimiento de la planta. Estos residuos son clasificados como de muy bajo nivel.
- la operación de las centrales nucleares: En la actualidad, Argentina cuenta con dos centrales nucleares en operación (Embalse y Atucha I), que aportan alrededor del 8% de la energía eléctrica. Ambas centrales consumen elementos combustibles de uranio natural o levemente enriquecido fabricados en el país, y son moderadas y refrigeradas con agua pesada.
Los residuos generados en las centrales nucleares son, según su origen, de diferentes tipos:
- De proceso: son los residuos ocasionados en la producción de energía mediante el proceso de fisión nuclear y captura neutrónica. Incluyen principalmente los productos de fisión, de activación y transuránicos contenidos en los elementos combustibles gastados del reactor. En su mayoría son residuos de alto nivel.
- De operación: constituidos por aquellos componentes que participan del inicio, control y seguimiento del proceso de fisión, como los equipos y dispositivos utilizados para la purificación y limpieza de los circuitos de refrigeración. Finalmente resultan en residuos líquidos concentrados por evaporación, clasificados como de baja actividad; y filtros mecánicos y lechos de resinas de intercambio iónico, clasificados como de medio nivel.
- De mantenimiento: se trata, en su mayor parte, de residuos sólidos: materiales contaminados tales como ropa de trabajo, papeles, guantes, etc.; y también líquidos de descontaminación. Son normalmente residuos de bajo nivel.
- el desmantelamiento de las centrales: Una vez decidido el fin de la vida útil de las centrales, el proceso de descontaminación y desmantelamiento de las instalaciones, dispositivos y equipos, genera grandes volúmenes de residuos, de características radiológicas, físicas y químicas muy diversas. La cantidad y tipología de los residuos ocasionados en el proceso de desmantelamiento depende de la envergadura de la instalación desmantelada y, sobre todo, de los criterios sobre el reuso, reciclo y exención de corrientes de residuos, establecidos por la Autoridad Regulatoria Nuclear.
Otras actividades que generan residuos radiactivos son las vinculadas con aplicaciones nucleares en la medicina y en la industria, y con tareas de investigación y desarrollo:
- Producción de Radioisótopos: Esta actividad genera pequeños volúmenes de residuos, de naturaleza física, química y radiactiva muy variable. Produce residuos sólidos y líquidos de diferentes concentraciones de actividad, que contienen principalmente radionucleídos de cortos períodos de semidesintegración e incluyen también productos de fisión, de activación y transuránicos presentes en los elementos combustibles gastados del reactor de producción.
- Aplicaciones médicas, usos industriales y actividades de investigación y desarrollo: En general, en este campo se producen residuos sólidos, líquidos y biológicos, de escaso volumen, muy baja actividad y radionucleídos de período de semidesintegración muy cortos. Sin embargo, las fuentes de radiación usualmente encapsuladas, utilizadas en diferentes prácticas, contienen radionucleídos de períodos mayores y actividades variadas, que van desde las consideradas de baja actividad hasta algunas otras con actividades significativas. Estas fuentes de radiación sólo son consideradas residuo cuando se descarta su uso ulterior.
Residuos radiactivos, fuentes en desuso, combustibles gastados
De acuerdo con el marco normativo argentino que rige a la actividad nuclear en general y a la gestión de residuos en particular, los combustibles gastados (de reactores de investigación y de producción de energía) y las fuentes (médicas e industriales) no son consideradas residuos. Esto se debe a que, por medio de la Ley N° 25.279, vigente desde junio de 2001, el país ratificó su adhesión a la "Convención Conjunta sobre Seguridad en la gestión del combustible gastado y sobre seguridad en la gestión de los desechos radiactivos", y con ella su diferenciación entre combustibles gastados, fuentes en desuso y residuos de tipo radiactivo.
Volumen de residuos radiactivos y fuentes en desuso generados en el país.
(Cantidades promedio, correspondientes a los años 2007, 2008, 2009)
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Residuos de operación y mantenimiento
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Nivel bajo
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Nivel medio
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Fuentes decaídas de uso médico
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Fuentes decaídas de uso industrial
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Centrales nucleares (Atucha 1 + Embalse)
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78 m3
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8 m3
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Otras actividades nucleares (producción de radioisótopos, investigación, fabricación de combustibles)
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62 m3
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2 m3
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Aplicaciones médicas
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152 unidades
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Aplicaciones industriales
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871 unidades
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La gestión de los residuos radiactivos
La gestión de los residuos radiactivos generados en todo el territorio nacional ha estado a cargo de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) desde su creación, en 1950.
En febrero de 2003, en cumplimiento de la Ley Nº 25.018 de "Régimen de Gestión de Residuos Radiactivos", se creó en el ámbito de la CNEA el Programa Nacional de Gestión de Residuos Radiactivos (PNGRR), cuya principal responsabilidad es, precisamente, la gestión de los residuos radiactivos provenientes de la actividad nuclear nacional, sea ésta de carácter estatal o privada.
El objetivo final de la gestión de los residuos radiactivos, es el confinamiento y aislamiento de los residuos, por un período de tiempo y en condiciones tales que cualquier liberación de los radionúclidos contenidos en ellos no suponga un riesgo radiológico inaceptable, ni para las personas ni para el ambiente, ni en el presente ni para las generaciones futuras.
El proceso de gestión comprende el conjunto de actividades relativas al manejo administrativo y operativo de los residuos radiactivos. Incluye la caracterización, el registro, la clasificación, la segregación, el tratamiento, el acondicionamiento, el almacenamiento, el transporte y la disposición final.
Registro, clasificación y segregación: Se trata de caracterizar los residuos y elaborar la documentación necesaria para un adecuado seguimiento. Otro de los objetivos es reducir el volumen de los residuos tanto como sea posible. Para ello, resulta imprescindible conocer con precisión sus propiedades físicas, radiológicas y químicas. La segregación es la instancia en la que se discriminan, por ejemplo, los residuos líquidos de los sólidos, y los compactables de los no compactables.
Tratamiento y acondicionamiento: El acondicionamiento de los residuos radiactivos para su disposición final implica el cumplimiento de los requisitos de aceptación de esos residuos en el repositorio correspondiente. Para ello, se lleva a cabo la compactación, que reduce el volumen de los residuos sólidos compactables; y la inmovilización, por medio de la inclusión los residuos líquidos y los sólidos no-compactables en una matriz estable. Esto constituye la primera barrera en el sistema de disposición final.
Almacenamiento y transporte: Tanto el transporte como el almacenamiento interino de los residuos se realizan bajo los parámetros establecidos internacionalmente y de acuerdo con la normativa que rige en nuestro país, a fin de garantizar la seguridad del proceso.
Disposición final: La estrategia para la disposición final consiste en instalar los residuos radiactivos en instalaciones de confinamiento –repositorios- que interpongan un sistema de barreras entre los residuos y el medio ambiente. Los criterios de seguridad establecidos requieren la existencia de barreras múltiples, redundantes e independientes para aislar los residuos del ambiente accesible al hombre.
Las instalaciones para la gestión
El PNGRR cuenta con oficinas en la sede central de la CNEA, en la ciudad Autónoma de Buenos Aires, y con instalaciones en el Centro Atómico Ezeiza. Allí, el área de Gestión de Residuos Radiactivos (AGE) consiste en un predio de ocho hectáreas especialmente dedicado al tratamiento, acondicionamiento, almacenamiento interino y disposición final de residuos de nivel bajo. También dispone de una instalación para el almacenamiento de residuos de nivel medio y de fuentes de irradiación en desuso; y con un depósito transitorio para combustibles gastados del reactor de investigación y producción de radioisótopos ubicado en ese Centro Atómico.
Los residuos de baja actividad, tanto los sólidos (como papeles, ropa, piezas metálicas, filtros, etc.), como los líquidos (concentrados del evaporador en centrales nucleares, líquidos de lavado, etc.) han sido confinados en las trincheras del área de Gestión de Ezeiza (AGE). Cada una de las trincheras tiene 20 metros de largo, 10 de ancho y 3 de profundidad. Una de ellas, ya clausurada, contiene 3.500 tambores de 200 litros cada uno, en los que se han compactado o cementado los residuos. La otra, fue diseñada para contener 5.600 tambores y ha tenido clausuras parciales mientras estuvo en uso. Actualmente, los tambores están siendo almacenados en forma interina en las Centrales Nucleares o en el área de Gestión, hasta tanto se implemente la estrategia de gestión prevista para los próximos años.
Además el área de Gestión Ezeiza dispone de dos silos de hormigón de 4 metros de diámetro y 10 metros de profundidad, con un espesor de pared de 0,30 metros, donde se han dispuesto partes estructurales contaminadas y algunas fuentes de irradiación en desuso. Con cada operación de disposición se ha agregado una capa de cemento para minimizar la dosis en la boca de acceso.
Por otro lado, se dispone de un Laboratorio de Verificación de la Calidad, que cuenta con un sistema explorador gamma por segmentos, con el cual se ha verificado la calidad de parte de los residuos cementados en la Central Nuclear Atucha I y que se aplicará también a los residuos que serán acondicionados en la nueva Planta de Tratamiento y Acondicionamiento de residuos de pequeños generadores.
Los residuos de nivel alto contenidos en los combustibles gastados permanecen en las centrales nucleares que los generan: Atucha y Embalse. En una primera etapa, cuando son descargados del reactor, se almacenan en las piscinas de hormigón recubierto con materiales especiales que las centrales poseen para ese fin. Luego, son trasladados a un almacenamiento temporal seco en silos de hormigón emplazados en los mismos predios.
Dado que las instalaciones para la disposición final de residuos del AGE han cumplido su ciclo de vida útil y están en proceso de cierre definitivo, el Programa Nacional de Gestión de Residuos Radiactivos se encuentra abocado a la implementación de una estrategia de disposición final para los residuos de nivel bajo y medio. El plan prevé la construcción de un repositorio monolítico cercano a la superficie en un lugar del país que cumpla con las exigencias geológicas y con los requisitos ambientales y sociales establecidos.
La estrategia para los combustibles gastados implica decidir en las próximas décadas -en función de las necesidades energéticas y del desarrollo de la actividad nuclear-, si resulta conveniente reprocesarlos para aprovechar el potencial energético que todavía tienen o disponerlos en forma directa en un repositorio geológico profundo.
Gestión de Residuos Radiactivos y de los Combustibles Gastados en la República Argentina
La estrategia integrada para la gestión de Residuos Radiactivos (RR) requiere planificar todas las etapas que la componen, que las mismas sean compatibles y complementarias unas de otras, que todas ellas se encuentren enmarcadas en la legislación pertinente y cumplan con la normativa establecida por la Autoridad Regulatoria Nuclear.
Por ello la CNEA ha elaborado distintos informes que dan cuenta de su actividad y de la actividad nuclear en general, como el remitido al Honorable Congreso de la Nación y el Informe Nacional de la Convención Conjunta.
Informe al Honorable Congreso de la Nación
Convención Conjunta sobre Seguridad en la Gestión del Combustible Gastado y sobre la Seguridad en la Gestión de Desechos Radiactivos
Convencion
conjunta
QUE ES LA CONVENCION CONJUNTA
Es el compromiso de los países integrantes en lograr y mantener a nivel mundial, un alto grado de seguridad en la Gestión del Combustible Gastado y en la Gestión de Desechos Radiactivos.
CUALES SON SUS OBJETIVOS
- La mejora gradual y sostenida de la seguridad en la gestión del combustible gastado y en la gestión de desechos radiactivos.
- La armonización de las políticas y los criterios de seguridad que se aplican a nivel mundial.
- La mejora del control de los movimientos entre países de combustibles gastados, desechos radiactivos y fuentes selladas en desuso.
CUAL ES SU ALCANCE
- Los combustibles gastados de las Centrales Nucleares y de los Reactores de Investigación y Producción de Radioisótopos.
- Los desechos radiactivos originados en las Aplicaciones Médicas, los Usos Industriales y las Actividades de Investigación y Desarrollo.
- Las fuentes selladas en desuso.
- Las descargas controladas y planificadas de materiales radiactivos.
A QUIENES ESTA DIRIGIDA
A aquellos países que generan combustibles gastados, desechos radiactivos y/o fuentes selladas en desuso.
COMO FUNCIONA
Estableciendo metas de Seguridad Radiológica y Nuclear a cumplir por los
Estados Parte, los que deben presentar un
Informe Nacional donde se describen los procedimientos y mecanismos de seguridad aplicados a las actividades de gestión.
Los países miembros de la Convención Conjunta realizan un análisis crítico de cada Informe Nacional y formulan preguntas escritas que el país responsable del Informe debe responder.
Cada tres años se realizan reuniones en las que los Estados Parte revisan el grado de cumplimiento con los preceptos de la Convención Conjunta.
CONVENCIONES DE SEGURIDAD
Las convenciones de seguridad son instrumentos legales internacionales de alta eficacia, cuyo propósito es lograr el incremento de la seguridad a nivel mundial. Por ejemplo la Convención de seguridad de la Industria Aeronáutica.
REUNIONES DE REVISION
Cada tres años, las Partes Contratantes se reúnen para examinar el estado de situación de cada país en lo relativo a las obligaciones de la Convención Conjunta en base a los Informes Nacionales presentados. Las Reuniones de Revisión, permiten verificar la eficacia en el tratamiento de los problemas, identificar las buenas prácticas en la seguridad que puedan servir como ejemplo a seguir y revelar aquellos mecanismos que no funcionaron y que deben ser evitados.
La 1°, 2°, 3° y 4º Reuniones de Revisión tuvieron lugar en Viena en 2003, 2006, 2009
y 2012 respectivamente.
ARGENTINA Y LA CONVENCION CONJUNTA
Argentina adhirió a la Convención Conjunta mediante la sanción de la Ley N° 25.279 el 6 de julio de 2000.
El
Primer Informe Nacional
(
english version) Argentino se presento a la Secretaria de la Convención Conjunta el 5 de mayo 2003.
El
Segundo Informe Nacional
(
english version) Argentino se presento a la Secretaria de la Convención Conjunta el 15 de noviembre de 2005.
El
Tercer Informe Nacional
(
english version) Argentino se presentó a la Secretaría de la Convención Conjunta en octubre de 2008.
El
Cuarto Informe Nacional
(
english version) Argentino se presentó a la Secretaría de la Convención Conjunta el 13 de octubre de 2011
Argentina participó en la 1°, 2°, 3° y 4º Reuniones de Revisión de Pares realizadas en la sede del Organismo Internacional de Energía Atómica, Viena-Austria en noviembre de 2003, mayo de 2006, mayo de 2009
y mayo de 2012 respectivamente. En dichas reuniones se realizaron presentaciones sobre las medidas de seguridad aplicadas en la gestión del combustible gastado y en la gestión de los desechos radiactivos.
Estos informes originaron una significativa cantidad de preguntas escritas cuyas respuestas dieron lugar a valiosos debates en las Reuniones de Revisión. Las preguntas y sus respuestas pueden encontrarse
aqui.
Riesgos
Externos en Instalaciones Nucleares
Eventos externos son aquellos originados fuera del sitio de emplazamiento de la instalación o dentro de él y que no se originan en la operación de la instalación y que en ambos casos pueden tener un efecto en la seguridad de la misma. Pueden ser de origen natural o inducidos por el hombre, de manera accidental o intencional.
Los eventos externos que afectan la seguridad de las instalaciones nucleares son materia de exhaustivos estudios a fin de verificar que no exista un riesgo inaceptable para las personas y el medioambiente a lo largo de la vida útil de la instalación.
Los riesgos asociados a eventos externos son considerados tanto en la evaluación del sitio propuesto para una Instalación Nuclear, como para el diseño de la misma.
La denominación Riesgo Externo se refiere al valor obtenido en base a la probabilidad de ocurrencia de un evento en particular con consecuencias radiológicas, afectado por un factor de ponderación que indique la severidad de dichas consecuencias. El análisis de riesgo incluye secuencialmente la identificación de los eventos iniciantes, las posibles secuencias de eventos subsecuentes de cada evento iniciante, asociando un valor de probabilidad a cada secuencia y finalizando con las potenciales consecuencias en las personas y el medio ambiente.
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NATURALES |
Sísmicos |
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| Tsunamis |
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| Volcanes |
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| Meteorológicos e Hidrológicos |
Inundaciones - Collision Cuerpos Flotantes |
| Vientos Extremos |
| Condiciones Meteorológicas Extremas |
| Fenómenos Biológicos |
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| RIESGOS EXTERMOS |
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INDUCIDOS P/HOMBRE |
Fuego Externo |
| Explosiones - Detonaciones - Deflagraciones |
| Impacto de Aviones y Misiles |
| Gases Tóxicos y Asfixiantes |
| Gases y Líquidos Corrosivos y Radioactivos |
| Interferenca Electromagnética |
| Inundaciones - Colisión Cuerpos Flotantes |
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Acceso expertos
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