Cuando comparamos al grafito (la mina de nuestro lápiz) con el diamante (las joyas de la abuela), es evidente que sus características son muy diferentes (dureza, color, densidad, etc.). Nada parece relacionar a uno con el otro. Sin embargo, si se realiza un análisis químico de ambas sustancias se encuentra que ambas están formadas únicamente por átomos de carbono.

          No nos extrañaría que dos sustancias formadas por átomos diferentes tengan propiedades distintas, pero...

          Lo que sucede es que las propiedades de una sustancia dependen no sólo de los átomos que la componen, sino también de la forma en que esos átomos se combinan unos con otros. Así, algunas sustancias resultan de un color y otras de otro, aunque no pueda decirse que ése sea el color de los átomos componentes. También según cómo sean las uniones entre los átomos, resultan sustancias con diferente dureza y consistencia. De acuerdo a qué átomos se combinan y cómo lo hacen, resultan sustancias que transmiten el calor o la electricidad y otras que, en cambio, impiden su propagación.

          En algunas sustancias los átomos se encuentran prolijamente ubicados sobre los puntos de una imaginaria red geométrica; éstas son las sustancias sólidas llamadas cristalinas, como por ejemplo casi todos los metales o las sales como el cloruro de sodio, que es el nombre químico de la sal de mesa. Estas imaginarias redes geométricas pueden ser formadas por la repetición de cubos, prismas de bases cuadrangulares o hexagonales, rectos u oblicuos.

          En otras sustancias, los átomos no están ordenadamente ubicados sobre arreglos geométricos tan perfectamente repetitivos: decimos entonces que se trata de sustancias amorfas (sin forma), como es el caso de la mayoría de los líquidos y los gases. Hay también sustancias que se ubican a medio camino entre aquellas estrictamente cristalinas y aquellas completamente amorfas.

          Curiosamente, no todo lo que a simple vista parece cristalino, transparente, es de hecho un cristal. Por ejemplo, los vidrios, a través de los que solemos mirar, tienen sus átomos y moléculas desordenados, por lo que deben clasificarse como amorfos y no como cristales. En cambio, un cubito de hielo podría ser llamado un cristal con mucha mayor propiedad, ya que en ese caso las moléculas de agua están decididamente ordenadas.

 

                    
 
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                                 ¿El átomo puede dividirse?
 
     ¿De qué están hechas todas las cosas?