En la vida cotidiana estamos expuestos a radiaciones aún cuando no vivamos o permanezcamos cerca de fuentes radiactivas artificiales, provenientes de la actividad humana. Las fuentes naturales de radiación se deben a elementos propios de la corteza terrestre y a radiaciones provenientes del espacio exterior. A su vez, estas radiaciones pueden actuar sobre nuestro organismo desde fuera o internamente, este último caso ocurre cuando se incorporan elementos radiactivos por la respiración o cuando se ingieren alimentos.

Las fuentes de irradiación externas consisten en rayos cósmicos y rayos gamma terrestres. Los rayos cósmicos, provenientes del espacio exterior, en particular del Sol y demás estrellas, consisten principalmente en protones y partículas alfa y, en menor cantidad, núcleos de carbono, nitrógeno, oxígeno y átomos pesados. Estos núcleos producen a su vez rayos secundarios al chocar contra los átomos de la atmósfera. Algunos rayos cósmicos tienen muy alta energía (millones de veces superiores a las alcanzadas en aceleradores de partículas) aunque los predominantes son los de baja energía. El efecto de los rayos cósmicos en ciudades que se hallan a grandes altitudes es alrededor de cinco veces mayor que el producido a nivel del mar. Por la misma razón, al viajar en avión las personas se encuentran transitoriamente más expuestas a la radiación cósmica que a nivel del mar.

Los rayos cósmicos generan, al chocar con átomos de la atmósfera, los llamados radionucleidos cosmogénicos (isótopos de hidrógeno (H3), berilio (Be7), sodio (Na22) y carbono (C14), que se incorporan a los organismos en forma natural. Estos isótopos tienen en los organismos vivos una concentración estable de equilibrio, resultante de la incorporación, la eliminación y el decaimiento continuos. Entre ellos, el carbono 14 es utilizado normalmente para fechar organismos muertos hasta 35.000 años atrás. Este procedimiento se basa en que cuando un organismo muere, cesa de incorporar C14 , de modo que la concentración del mismo comienza a disminuir por el decaimiento radioactivo. Por ello, la medición de la concentración actual del isótopo da como resultado el tiempo transcurrido entre la muerte y la fecha de medición.
Los rayos gamma terrestres provienen del decaimiento de los isótopos presentes en materiales de la corteza terrestre y en el agua. La exposición a estos rayos depende de la geología local y de cómo estos isótopos radiactivos pasan a los alimentos que se ingieren.
Las fuentes de irradiación internas, en cambio, provienen de isótopos generados por los rayos cósmicos e isótopos de radón (Rn220 y Rn222) presentes en el suelo y en los materiales de construcción. El radón, químicamente muy poco reactivo (es decir, con poca capacidad de combinarse químicamente con otros elementos), es sin embargo un elemento radiactivo emisor de partículas alfa. Se lo encuentra en los materiales de construcción y en la corteza terrestre y afecta en mayor o menor grado dependiendo de la geología local, la construcción y el uso de las viviendas. En algunos casos, en viviendas de material poco ventiladas, los niveles de radón pueden llegar a considerarse peligrosos. En algunos países existen normas que regulan la ventilación mínima de los ambientes debido justamente a este problema. Normalmente, la inhalación del radón representa aproximadamente la mitad de la contribución de todas las fuentes a las dosis naturales.
El tipo de radiación generada por la actividad humana es de las mismas características que aquella presente en la naturaleza: partículas alfa, beta, rayos gamma, rayos X, protones, neutrones. En otras palabras, la radiación emitida por un dado isótopo no depende de que el mismo provenga de una fuente natural o sea generado en el laboratorio, sino de principios físicos básicos característicos del isótopo.
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