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La antena, que mide tan sólo
80 nanómetros (un nanómetro es una millonésima parte de un
milímetro) es capaz de capturar, concentrar y dirigir
la luz emitida por moléculas individuales, actuando como un
microscopio de alta precisión para visualizar –entre otros-
procesos biológicos a escala molecular.
Sus aplicaciones cubren un
amplio rango de dispositivos ultra-pequeños, desde fuentes de
luz muy eficaces hasta sensores biológicos y químicos
ultrasensibles.
En la comunicación las antenas juegan un
papel fundamental. Las ondas electromagnéticas enviadas y
recibidas por ellas permiten la comunicación entre
dispositivos electrónicos: emisiones de radio, televisión,
telefonía móvil, etc. Para una comunicación eficaz,
la antena tiene que dirigir las señales hacia un objetivo
concreto y viceversa, para captar las señales de la fuente
deseada. |
El descubrimiento ha
demostrado que el concepto de antena también se puede aplicar
para dirigir la luz visible emitida por una molécula
individual. Sin embargo, para que pueda trabajar con luz
visible, su tamaño tiene que ser reducido enormemente, hasta
una millonésima parte de una antena convencional.
Los investigadores del ICFO
han conseguido fabricar una estructura metálica cilíndrica
de sólo 80 nanómetros de longitud y 20 de radio. Colocando
este dispositivo en proximidad de una molécula, se puede
redirigir su emisión de luz en la dirección deseada, por
ejemplo hacia un detector.
El reto que se plantea con este descubrimiento
es la posibilidad de idear antenas a escala nanométrica
siguiendo estrategias sofisticadas de diseño similares a las
antenas convencionales que "adornan" hoy los tejados
y las azoteas de las ciudades. |