Marie Curie

Corría 1891 y una muchacha de 24 años de aspecto tímido, ropa austera y carácter obstinado deja su Varsovia natal en Polonia y va a París a estudiar en la Universidad de la Sorbona. Era Marie Sklodowska.
 
Con austeridad y sencillez dedica su vida al estudio. Pasa horas escribiendo números y ecuaciones sin reparar ni en el frío ni en su magra alimentación. Dominada por la pasión científica mantenía una férrea independencia personal. Ni el amor, ni el matrimonio figuraban en sus proyectos. A pesar de ello cuando conoce, en 1894, a Pierre Curie un científico francés que como ella estaba dedicado en cuerpo y alma a la investigación científica, tampoco dudó y se convierte en Marie Curie.
 
En 1902 el radio comenzó a existir gracias al trabajo del matrimonio Curie.
 
Marie no dudaba. Cuando su esposo le consultó si debían describir los resultados de la investigación sin reserva alguna o bien considerarse inventores y patentar la técnica del tratamiento del uranio, entonces Marie dijo “Es imposible. Sería contrario al espíritu científico”.
 
Después del funeral de Pierre Curie, prematuramente desaparecido, el Gobierno francés le ofreció una pensión entonces Marie respondió sin hesitar- "No quiero una pensión. Soy joven todavía y capaz de ganar la vida para mi y para mis hijas”.
 Marie Curie tuvo un reconocimiento especial: Suecia le confirió el Premio Nöbel de Química en 1911. Durante 50 años no hubo hombre o mujer que mereciera ese honor por segunda vez.
El Consejo de la Facultad de Ciencias, por decisión unánime, le otorgó la cátedra en la Sorbona que había desempeñado su esposo era la primera vez que se concedía a una mujer tan alta posición en la enseñanza universitaria francesa.
Al llegar para dar la primera lección el aula, los pasillos y corredores de acceso estaban colmados. En los rostros se revelaba curiosidad. La costumbre exigía que el nuevo profesor elogiara la tarea de su predecesor. Pero Marie en medio de los aplausos, a los que apenas respondió inclinando levemente la cabeza, esperó a que cesara la ovación. Y mirando al frente inició su lección con la misma frase con la que había terminado su marido.
 
Nunca fue admitida como miembro de la Academia Francesa de Ciencias –perdió la votación por un voto- pero recibió diplomas y honores académicos internacionales por sus descubrimientos relacionados con la radiactividad y los múltiples aportes al mundo de la física. En 1903 el Real Instituto de Inglaterra otorgó al matrimonio Curie la Medalla Davy y la Academia de Ciencias de Estocolmo les concedió, conjuntamente con Antoine Henri Becquerel, el Premio Nöbel de Física.