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ENCUENTRO “A CINCUENTA AÑOS DE LA PUESTA EN
VIGENCIA DEL REGLAMENTO PARA EL USO DE RADIOISÓTOPOS Y RADIACIONES
IONIZANTES EN ARGENTINA” PALABRAS DE CIERRE POR
LA SEÑORA PRESIDENTA DE LA COMISIÓN NACIONAL DE ENERGÍA ATÓMICA, LIC.
NORMA BOERO Estimados Colegas: Con gran orgullo y gran satisfacción
he participado junto a ustedes en este encuentro, que constituye, al
mismo tiempo, dos hechos muy importantes. Por un lado el acto celebratorio
de un hecho señero en los anales nucleares de nuestro país, y a su vez
aunque en forma tardía, pero muy merecida el reconocimiento a quien
fuera su mentor, el Ing. Celso Constantino Papadópulos. La puesta en vigencia del “Reglamento para el uso de Radioisótopos y Radiaciones Ionizantes en Argentina”, en una fecha tan temprana como 1958 - podría decirse que casi en los albores de las Aplicaciones con fines Pacíficos de la Energía Nuclear en el mundo pone de relieve la clarividencia y el entusiasmo de aquellos pioneros que configuraron los primeros cuadros de nuestra Institución. Ese reglamento, el primero de su clase en América atina y casi en el resto del mundo, sirvió no sólo para encuadrar en forma eficiente y segura esas aplicaciones en la Argentina, sino que también sirvió de inspiración para la mayoría de los países de la región y aun para algunos extraregionales, en la elaboración de sus reglamentos nacionales. Pero,
conmemorar el aniversario de tan promisorio acontecimiento, ha
implicado de hecho recordar y honrar al Ing. Papadópulos y, juntamente
con él, a ese brillante grupo de jóvenes y entusiastas científicos y técnicos
que, concientes de las posibilidades inmediatas y futuras de la naciente y
convocante actividad nuclear, se incorporaron, en muchos casos de por
vida, a la entonces adolescente CNEA, y pusieron todo su esfuerzo y
conocimientos al servicio del noble ideal de contribuir al bienestar
socio-económico de la población argentina a través de la utilización
de todo el potencial de la tecnología nuclear. Los
oradores que me precedieron han ya descrito en extenso, la
desbordante personalidad del Ing. Papadópulos y su incansable accionar en
la Institución, y nos han relatado por cierto amenamente, hechos y anécdotas
de su prolifera vida profesional. Creo que aquellos de los presentes que
tuvieron el privilegio de ser sus contemporáneos y de trabajar junto a él
se han sentido emocionados con tan vívidas remembranzas, y estoy
segura de que los que no gozamos de ese privilegio, hemos descubierto a
través de las mismas a un personaje de leyenda, gratamente sorprendidos
por su capacidad y vitalidad extraordinarias y por la importancia y
riqueza de su obra. Por ello,
no voy a referirme al Ing. Papadópulos desde un enfoque biográfico,
simplemente voy a limitarme a destacar su total compromiso con la
institución, el entusiasmo con que encaró sus múltiples actividades, su
visión acertada y pionera, virtudes que fueron por otra parte
comunes a la gran mayoría de los profesionales que dedicaron su vida a la
Institución desde la etapa de su fundación. Fue ese
compromiso con la casa y ese entusiasmo en la ejecución de sus tareas, lo
que permitió el rápido desarrollo de la Institución y posibilitó a su
vez el muy bien ganado prestigio y reconocimiento en las décadas
subsiguientes, tanto a nivel nacional como internacional.
Estoy
firmemente convencida que los hoy herederos de los éxitos de aquellos
pioneros debemos persistir en esas virtudes, entregándonos abiertamente a
nuestro trabajo, superando con empeño y entusiasmo, las diarias y serias
dificultades que se nos presentan y así volver a sentir como ellos, con
orgullo, aquel fuerte “espíritu de cuerpo” que fue tan característico
de las primeras décadas de la CNEA. Los invito
a todos a sumarse al desafío de volver a poner a la CNEA de pie como en
ese momento inicial, olvidando rencores, y cobardes y nefastas denuncias
anónimas que quieren paralizar la Institución. Privilegiemos
el trabajo creador y digno de tecnólogos, investigadores y de todos los
trabajadores de la CNEA que quieren poner la Institución al servicio de
un país que necesita de nuestro esfuerzo y nuestro conocimiento para
alcanzar los más altos niveles de desarrollo, contribuyendo así al
bienestar común de todos los Argentinos. Lic. Norma BOERO
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