| Los
pronósticos de distintos analistas especializados indican
que el consumo energético en el mundo, en particular la
electricidad, continuará incrementándose. El ultimo informe
del Consejo Mundial de Energía (WEC) de 1995 incluye un
escenario en el cual se estima que el consumo global de
electricidad puede llegar a incrementarse en aproximadamente
un 75% para el año 2020 y prácticamente triplicarse para el
2050. En Argentina se calcula que el consumo para el 2010
podría llegar a duplicar los valores actuales.
Países en desarrollo como
Bangladesh y Tanzania consumen actualmente menos de 100 kWh
por año y por persona, en Argentina el consumo es de
aproximadamente 1500 kWh, mientras que en países como Canadá
y Suecia se llega hasta 15.000 kWh.
Mientras que no existen casi
controversias sobre el aumento en la demanda de la energía
eléctrica, el debate que se plantea es de donde provendrá
esta electricidad.
En la actualidad, a nivel
mundial, los combustibles fósiles –carbón, petróleo y gas-
contribuyen con un 63 % de la producción eléctrica, la
hidroeléctrica representa alrededor del 19 %, la nuclear 17
%, la geotérmica 0,3 % mientras que la solar, eólica y
biomasa contribuyen en conjunto con menos del 1 %. En
nuestro país las proporciones fueron aproximadamente, para
el año 1996/97, 52 % de origen térmico, 36 % hidráulica, 12
% nuclear y 1,4% de otras fuentes dentro de las cuales el
0,01% es de origen eólico.
Los combustibles fósiles
tienen muchas ventajas, la principal su bajo costo y
facilidad de transporte, pero también grandes desventajas en
términos de contaminación y efectos ambientales. El Dioxido
de Carbono (CO2), que inevitablemente se genera
al quemar combustibles fósiles, es actualmente considerado
como una de las fuentes que contribuyen mayoritariamente al
recalentamiento global del planeta (efecto invernadero), el
cual puede tener consecuencias desastrosas para ciertas
regiones produciendo sequías e inundaciones. Otro de los
factores que contribuye ampliamente a la contaminación del
aire que todos respiramos es el transporte de personas y
mercaderías. Se habla mucho sobre la necesidad de reducir
las emisiones de CO2, pero la Convención de Clima
que fue adoptada en la Conferencia sobre Desarrollo y Medio
Ambiente en 1992 en Río de Janeiro no pudo determinar como
debían lograrse esas reducciones. En la Conferencia
Internacional llevada a cabo en 1997 en Kyoto se avanzo
fijando limites a la emisión por debajo de los valores de
gases emitidos en 1990. Un informe reciente de la OECD
predice que para el 2010 las emisiones de CO2
derivadas de la producción energética aumentarán casi un
50%.
Que podemos hacer frente a
este panorama?. Una solución propuesta es optimizar el uso
de la energía, disminuyendo el consumo de combustibles
fósiles, utilizando fuentes de energía que no emitan Dióxido
de Carbono como pueden ser la nuclear, hidroeléctrica o las
llamadas " fuentes de energía renovables " (eólica, solar,
geotérmica, biomasa) para generar electricidad y motores
eléctricos o a hidrogeno como propelente para el transporte.
Se ha calculado que si se
reemplazara la electricidad producida actualmente por todas
las Centrales Nucleares del mundo (alrededor de 435) por
plantas alimentadas a carbón, se agregarían a la atmósfera
2.600.000.000 de toneladas de CO2 por año. Si
actuáramos a la inversa cerrando todas las plantas a carbón,
calculen cuanta contaminación se evitaría.
Entre las principales
ventajas de la opción nuclear podemos mencionar la
abundancia y bajo costo del combustible (Uranio). Tres son
las principales objeciones que generalmente se le
encuentran: la incorrecta asociación de tecnología nuclear
con el armamento nuclear, el temor a los posibles accidentes
y la eliminación de los residuos. Existen respuestas a estas
objeciones y quizás valga la pena utilizar algunos párrafos
para clarificarlas.
Con relación a los armamentos
nucleares debe quedar en claro que todos los países que
poseen este tipo de armas las desarrollaron antes de
construir reactores nucleares para generación eléctrica, por
lo tanto el riesgo de proliferación de armamento nuclear
persistirá independientemente de la cantidad de plantas
nucleares que se construyan para generación eléctrica. Por
otro lado se están llevando a cabo grandes esfuerzos, a
nivel mundial, para fortalecer las salvaguardias, incluyendo
nuevos tipos de control y métodos de verificación para
detectar cualquier posibilidad de actividades nucleares
bélicas no declaradas. Afortunadamente existe, en casi todos
los países, una tendencia generalizada a disminuir el
arsenal nuclear. 185 países ratificaron la extensión
indefinida del Tratado de No Proliferación Nuclear y las
Naciones Unidas ha declarado un cese total de ensayos de
armamento nuclear. Si, como parece la tendencia, el desarme
continúa, la asociación: "energía nuclear - armamentos
nucleares" será cada vez más débil.
El temor a la emisión de
radioactividad al ambiente como consecuencia de un accidente
nuclear es quizás uno de los principales temores del
público. La seguridad en la generación nucleoelectrica se
vio fuertemente cuestionada, con razón, a raíz del accidente
de Chernobyl en 1986, donde murieron 32 personas y alrededor
de 500 sufren cáncer de tiroides (un tipo de cáncer que, si
se trata correctamente, no produce muertes). Si bien no
debemos minimizar sus consecuencias, las mismas deben ser
correctamente interpretadas y comparadas con la seguridad
existente en otras fuentes de generación eléctrica. La
industria nuclear es una de las actividades donde mayores
inversiones se realizan en seguridad, no obstante el riesgo
de accidentes, si bien es bajo, no es cero como tampoco lo
es en ninguna otra actividad. Las nuevas plantas nucleares,
a diferencia de las obsoletas tipo Chernobyl, se construyen
con mecanismos de seguridad redundantes y barreras de
contención múltiples para minimizar el riesgo de accidentes
catastróficos. (Si lo pusiéramos en términos
automovilísticos seria como comparar la seguridad de un Ford
T con la de un Mercedes 99). Por otra parte, y al solo
efecto comparativo, podemos mencionar que los mayores
accidentes, en términos de víctimas fatales, en el campo de
la generación eléctrica están vinculados con la rotura de
diques de centrales hidroeléctricas (en 1979 murieron en el
derrumbe del dique de Machu, en India, 2500 personas). A
esto deberíamos agregarles los accidentes fatales producidos
en las explosiones de gasoductos, derrumbes en minas de
carbón, derrames e incendios en la industria del petróleo,
etc.
La tercera objeción que se
suele escuchar en contra de la generación nucleoeléctrica es
la relativa al manejo de los residuos radiactivos. Sin
embargo no existe otra industria en donde el problema de los
residuos sea considerado con más responsabilidad que en el
caso de los desechos nucleares de origen civil. Si los
residuos resultantes de la quema de combustibles fósiles,
producción de herbicidas, insecticidas y productos químicos
se manejaran con tanto cuidado como en el caso de los
residuos nucleares, el problema ambiental generado por ellos
dejaría de ser una preocupación mundial.
El volumen de residuos
nucleares es extremadamente limitado, por lo tanto puede ser
completamente aislado de la atmósfera. Una planta nuclear de
1.000 MW no emite virtualmente CO2 y produce
aproximadamente 35 toneladas por año de residuos de alta
actividad en forma de elementos combustibles quemados. Si
este combustible usado se reprocesara, el volumen sería de
aproximadamente 2.5 m3 por año. Esta cantidad
puede ser gestionada y almacenada de manera segura en
depósitos geológicos profundos, protegidos por múltiples
barreras que los aíslan completamente del medio ambiente. El
ciclo completo de combustible para esta planta (incluyendo
desde la minería hasta la operación final) generaría además
200 m3 de residuos de actividad intermedia y 500
m3 de residuos de baja actividad.
En comparación, una planta de
1.000 MW alimentada a carbón, con equipos optimizados de
limpieza, emite por año aproximadamente 6.500.000 toneladas
de CO2, 5.000 toneladas de SO2, 4.000
toneladas de NOx y 400 toneladas de metales pesados
(incluyendo elementos tan venenosos como el Cadmio, Plomo,
Arsénico y Mercurio). Además se producirán aproximadamente
500.000 toneladas de residuos sólidos de la remoción de SO2
y NOx que deberán ser reciclados o almacenados en piletas de
desperdicios.
El "problema" de los residuos
nucleares es, hoy en día, un tema más psicológico y de
deficiente información publica que un problema técnico, por
lo tanto para poner fin a la controversia lo que se necesita
es una firme decisión política.
Como posible alternativa a la
emisión de CO2, algunas organizaciones
ambientalistas insisten invariablemente en el uso de las
llamadas fuentes de energía renovables – Solar, Eólica,
Biomasa, Geotérmica - sin embargo estas fuentes proveen
únicamente el 2 % del consumo de energía para uso comercial
en el mundo. La mayoría de ella proviene de instalaciones
geotérmicas en USA, Islandia y Nueva Zelanda. Esta
proporción se podría incrementar en el futuro pero, el
Consejo Mundial de Energía, estima muy difícil poder llegar
siquiera a un 5 % para el año 2020.
La energía solar se utiliza
en la actualidad con mucho éxito en algunos países para
calentar agua para uso doméstico o para la generación de
electricidad en pequeñas cantidades para aplicaciones
puntuales hogareñas, señalización, estaciones de
comunicaciones remotas, etc.
Es quizás tentador pensar que
el sol y el viento, que son gratis y están en todos lados, y
la biomasa que crece libremente, pueden ser una fuente
ilimitada de energía libre de CO2.
Lamentablemente, estas
fuentes tienen varias desventajas inherentes que afectan su
utilidad y eficiencia económica; tanto los rayos solares
como el viento son intermitentes, y por consiguiente, hasta tanto no se desarrollen formas
efectivas y económicas de almacenamiento, estas fuentes no
podrán proveer la electricidad masiva (técnicamente llamada electricidad de base) que necesitamos en todo momento.
Otra desventaja inherente de
este tipo de energía es su dispersión.
Si se desean cantidades significativas de energía solar,
eólica o biomasa, éstas deben "recogerse" en grandes
extensiones de tierra y esto aumenta considerablemente su
costo, especialmente en zonas densamente pobladas que es
donde más se necesita la energía. Se ha calculado que para
obtener una cantidad de electricidad equivalente al de una
planta de 1000 Mw(e) se necesitarían:
- Un área de 60 a 100 km2
de celdas solares o turbinas de viento.
- Un área de 4000 a 6000 km2
de biomasa.
No se cree probable que, para
el próximo siglo, las nuevas fuentes de energía renovable
puedan tener una contribución mayor al suministro de energía
mundial que lo que lo hacen al presente la nuclear e
hidroeléctrica. Es aún menos creíble sugerir, como lo han
hecho organizaciones ecologistas, que las fuentes renovables puedan contribuir para el fin del próximo
siglo, con un 80% a la producción energética mundial, cifra
similar a la que actualmente aportan los combustibles
fósiles
La energía solar y eólica han
mostrado, hasta ahora, ser poco competitivas económicamente,
se necesita todavía mucho desarrollo para reducir los
costos. Esto no niega el hecho de que estas formas de
energía puedan ser muy importantes en situaciones o regiones
especificas, pero no podemos aun contar con ellas en el
corto o mediano plazo como una fuente global de energía
masiva. Es tan poco realista sugerir hoy en día que se podrá
reemplazar la generación eléctrica de origen fósil por
energía solar o eólica en las próximas décadas, como lo fue
un pronóstico similar hecho 10 años atrás.
Como un ejemplo de la
situación de reemplazo energético podemos mencionar lo
sucedido en otros países. En Italia, después del accidente
de Chernobyl, un referéndum obligo a cerrar sus 3 plantas
nucleares y detener la construcción de otras dos. En
reemplazo de esta energía no se usó ni solar ni eólica ni
biomasa, utilizaron gas del norte de Africa e importaron el
20% de su electricidad desde Francia donde el 75% de su
generación es de origen nuclear.
En Suecia, a 17 años del
referéndum que decidió el cierre de las centrales nucleares,
a pesar del fuerte apoyo a la energía eólica, aún no han
logrado un sustituto eficaz que permita cerrarlas.
En Dinamarca, invariablemente
catalogada como líder en energía eólica, con 3800 turbinas
de viento instaladas, sólo el 3% de su energía eléctrica
tiene este origen. Por otro lado la generación producida por
las plantas alimentadas a carbón ha crecido en 15 años el
100 % (15 TWh/año en 1980 – 30 TWh/año en la actualidad).
En Austria, en 1978 se
decidió no poner en operación una planta nuclear recién
construida, y en su lugar se construyeron 2 usinas
alimentadas a carbón que consumen 5 trenes cargados de
carbón por día, con la consiguiente emisión de Dioxido de
carbono, principal contribuyente al efecto invernadero.
En EE.UU, donde en la
actualidad existen unas 15000 turbinas eólicas, que generan
1750 Mw, calcularon que para producir la energía equivalente
al de una planta térmica actual de 1000 MW necesitarían del
orden de 13000 turbinas, ocupando una superficie de 100 km2,
estas cifras los hicieron desistir de una producción
eléctrica en gran escala basada en esta fuente energética.
Es interesante comparar las
emisiones de gases contaminantes en Suecia, con su
generación eléctrica mayoritariamente nuclear e
hidroeléctrica, y Dinamarca donde la generación se consigue
con una mezcla de carbón y eólica, las cifras en 1992
fueron:
| |
Dinamarca
(en toneladas) |
Suecia
(en toneladas) |
|
CO2
|
26.000.000 |
2.000.000 |
|
SO2 |
130.000 |
2.000 |
|
NOx |
82.000 |
4.000 |
|
Con respecto al uso de
biomasa, en los países industrializados aún no se ha
establecido su viabilidad económica, y ningún país del mundo
la usa en gran escala. En muchos países en desarrollo se la
utiliza en forma no comercial pero a costa de serios
problemas derivados de la deforestación y desertificación de
grandes zonas geográficas con los consiguientes
desequilibrios ecológicos, por lo que no se la considera un
posible sustituto masivo de los combustibles fósiles.
Tampoco podemos dejar de mencionar la contaminación que se
produce tanto en la fabricación como en la eliminación de
celdas solares donde se utilizan productos químicos
altamente contaminantes. En el caso de la energía eólica
un perjuicio ecológico adicional es la contaminación sonora
y la matanza de pájaros que chocan contra las turbinas.
Que quede claro que lo que
aquí expresamos no debe tomarse como una actitud negativa
hacia las fuentes no convencionales de energía renovable,
por el contrario las apoyamos y pensamos que deberían
incrementarse los programas de investigación y desarrollo en
el tema.
En conclusión podríamos decir
que ni hoy ni a mediano plazo existen fuentes de energía en
gran escala económicamente competitivas, que no sean la
nuclear o hidroeléctrica, que puedan reemplazar la
utilización masiva de combustibles fósiles. Pensamos que la
mejor solución al tema energético, y su contribución al
cambio climático, pasa por una
provisión
diversificada donde
todas las
fuentes no contaminantes contribuyan a la
generación eléctrica en la proporción que, económica y
geopolíticamente, resulten más convenientes para cada país.
Si bien no podemos
afirmar que la energía nuclear por si sola resolverá el
problema del efecto invernadero, lo que sí podemos asegurar
es que sin una participación creciente de ella el problema
no tiene solución efectiva en el próximo siglo. |